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Archive for the ‘Envidia’ Category

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Ahora Sí eres lo más importante en este momento (Aunque no lo creas, te quiero muchoooooooo… No me desilusiones)

Cuando leí el mensaje de El Menor, no pude evitar sentir un asco que subía desde lo más profundo de mis entrañas hasta alojarse en la punta de mi garganta.

Tuve unas ganas fortísimas de insultarle y ridiculizar las estupideces que decía en su mensaje de MSN.Y de un momento me golpeó como una marejada. ¿Habrá sido ese asco tan potente… envidia?

Me vi a mi mismo de un momento a otro: Cuando estoy con alguien me siento tan repulsivamente feliz que prácticamente bailo la Macarena en las paredes. Y justo cuando esa persona se aleja, miro hacia atrás y siento vergüenza de todas las cositas tontas que uno hace cuando se siente preñado de polillas mariposas. Amargado es tal vez la palabra que mejor me describe. Para todos aquellos que me conocen, saben que siempre he sido bastante oscuro, gritón y amargado, pero no al punto en sentir envida.

Lo mejor es que, en mis relaciones, trato de ser lo más amargado, apagado, calculador posible, pero no me sale. Me vuelvo un estúpido que va por las calles sonriendo sin motivo alguno. Me convierto, precisamente el objeto de mi desprecio: Alguien que escribe poemas de amor, escucha canciones de amor. Y lo detesto. Lo detesto con toda mi alma. Pero comprendo como El Menor se siente, y es por eso que no tuve más opción que ponerme en sus zapatos.

Debo admitirlo, se siente tan bien sentir esas poli… mariposas en la panza. J

Feliz día del amor y la amistad.

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Celos

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Siempre he dicho que no soy celoso.Y no es que no sienta celos, sino que no sufro de esas oleadas que tiene la gente sana. Puedo controlar mis emociones con respecto a eso.Pero esa noche, cuando lo vi besarla, me enfermé. Me hervía la sangre y la piel se me puso fría.No sé si fue el alcohol, el calor, la música o los celos lo que hizo que me enfocara en embeberme de la piel de con quien bailaba, enredándome en sus cabellos y besando su cuello, tocando sus senos, apretando sus piernas con las mías. Pero la música terminó, mi compañera de baile se fue y él seguía besándola. Salí de la habitación. Sentí un nudo en el estomago y envidia.

Quedé impregnado del perfume y el calor de la persona con quien bailaba, con el alcohol en el cuerpo y la imagen de sus labios tocando otros que no eran los míos.

(Ahora no lo tengo entre ceja y ceja, ya no hay un suspiro de mi parte que le adorne al caminar, y no hay más deseo de su ser. Murió con ese beso)

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