Mi inspiración se ha esfumado. Si alguien la ve por ahí, por favor, díganle que la extraño y que deseo que vuelva.
Es seguro que se fugó con mi sentido común. En este último mes, he hecho lo posible por hacer de mi cerebro una masa blanda es esponjosa. Compré sabrá-Dios-cuantos libros en la Feria y no he leído ninguno. Tengo tantas cosas por hacer y termino haciendo nada. Tengo unos cuantos planes pendientes, pero todos vienen con el señor Septiembre. Por lo menos en Agosto iniciarán las clases (y yo que pensé jamás extrañar a la UASD).
Y mi niño, mi blog, es quien refleja mi…. ¿Ay, cuál es la palabra? ¿Sonsesería? ¿? ¡Aaaaaah… esa ni siquiera es una palabra! ¡Pilas, Sam… Pilas! Si no te enciendes, te lleva el río… y, ¡mi amoch! ¿Quién te va a recoger con ese pelo to’ sucio si te caes al río? Con toda la mugre que hay en esos caudales.
Pasa:
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Sin novio.
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Sin trabajo.
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Sin clases.
Por lo menos uso las pocas neuronas que no han decidido darse tragos de cianuro para celebrar que son libres y organizarme mentalmente.
Pero ya me siento como parasito, Joel. Ay, manito… si supieras. ¡Cuatro paredes, un techo… y ma’ calol quel diablo! ¡Ataja! En fin, hagas lo que hagas, no cierres el blog… que esas son las palabras malsanas de esas neuronas descarriadas que tienes en ese maizal que llamas cabeza.
Bueno, a mimir… que ya son las dos de la mañana.
Besos.
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