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Me duele ser un buen hombre.

Vivir entre mujeres me ha ofrecido una perspectiva de mi mismo que no había escuchado antes o pensado, por decirlo. Y es culpa, en parte, de mi siempre presente carencia de autoestima y la otra causa, por cosas que no he visto.

En este mes que llevo fuera del país, me ha tocado convivir con más de 7 mujeres, incluyendo a mis compañeras de apartamento y la verdad es que me causa muchísima gracia que todas se disputen mi atención, mi cariño, me demanden, me celen… que se refieran a mí como “Mi macho”, y ninguna sepa que soy gay.

Tal vez sea por el radar y consiente o subconscientemente piensen o sientan que soy “inofensivo” o en el peor de los casos, “una (chica) más”. Pero, no deja de causarme gracia.

“Sam limpia muy bien, es educado, respetuoso, considerado, atento, hasta cocina si tiene que hacerlo”, son frases que se han dicho en el curso y que me dejan sonrojado, pero por dentro, que por fuera no se darían cuenta por tanta melanina en el cuerpo.

Esta noche no ha sido la excepción. Mientras bailaba con una, daba masajes a otra, limpiaba en la cocina, daba vueltas repartiendo frituras, no han faltado las ganas de halarme para un lado y reclamarme como trofeo.

Ya en un momento más tranquilo, una de las muchachas ha resaltado que tan buen hombre soy, a lo que otra no ha tardado en ponerse a la defensiva y reclamar sus derechos… y yo, sentado en mi silla, he levantado la mirada y la he vuelto a bajar, revolviendo mi plato de pasta con desdén. “Si en el mundo real yo fuera la mitad de deseado como lo soy ahora, sería feliz. Pero las cosas no suceden así”, dije con cierta resignación. Todos guardaron silencio y luego rieron tímidamente.

Me duele ser un buen hombre. Y en lugar de hacerme sentir alegre saber que me consideran un “buen hombre” y que haría a alguna mujer muy feliz, me hace sentir mal. Tal vez no debería, pero no dejo de pensar: si soy un buen hombre y soy alguien que vale la pena, ¿por qué mis virtudes no son suficientes? ¿Qué se hace en esos casos? Y a final de cuentas, ¿de qué sirve si no se obtiene lo que realmente se anhela? 

Remembrance

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Cuando lo vi escribiendo en la arena, declarando su amor a un signo de interrogación, no pude más que sonreír.

No recuerdo haberlo hecho, pero es casi seguro. Lo sé, ha llovido bastante desde que tuve 14 años. Sí recuerdo las dudas, las preguntas y el iniciar el confuso camino del despertar. Claro, nunca tuve sus gestos al hablar o al caminar, aunque vienen a mí ciertas situaciones por demás extrañas y hasta vergonzosas. A final de cuentas no soy diferente a él (o fui).

Quién soy yo para señalar lo que es, si tal vez ni él sospecha lo que será. Los catorce es una edad confusa, dramática. El preludio de la adolescencia. El tal vez sospechado.

Verlo escribir en la arena me llenó de nostalgia y curiosidad, además de cierta compasión por el camino que le podría esperar. 

“Entre los individuos, como en las Naciones,

el respeto al derecho ajeno, es la paz”.

Benito Juarez.

Muchas veces se me ha catalogado de duro, extremista o despiadado. Nada más lejos de la verdad.  Siempre he tratado de respetar los limites que separan la confianza del abuso. Cuando atravieso esa delgada línea, pido disculpas casi de forma automática. Pero, hay gente que jamás se han detenido a meditar siquiera si esa línea existe.

Ella siempre ha sido un poco torpe al hablar. Siempre preguntando cosas cuando no debe. O en su defecto, preguntando cuando se le permite de una manera tan infantil que raya en lo absurdo. Ella – la novia de uno de mis amigos – siempre ha creído que pedir permiso para preguntar algo, le da la potestad de preguntar lo que sea. ¡Nada más lejos de la verdad!

Cuando me preguntó por qué nunca me habían conocido novia entre mi grupo de amigos – a mis 26 años y 10 conociéndoles -, supe de inmediato por dónde vendría el proyectil, pero pensé que no se atrevería a cuestionar algo tan personal. Pero se atrevió. Mira que cuestionarme sobre mi orientación sexual, así por así, como si me preguntara por la hora, sin pararse a pensar que efectivamente es una discusión en la que ella no tiene incumbencia.  Pero ella no lo entendía así.

Juro y rejuro que no me molestó que sospeche de mi sexualidad. Uno NO puede evitar que la gente especule. Pero, de ahí a creer que tiene el derecho o la confianza de cuestionarme sobre algo que es ÚNICAMENTE MÍO, para mi es una falta de respeto mayúscula… y así se lo hice saber, de la manera más directa.

“Si no hablo sobre las relaciones – las pocas y efímeras que he tenido – con las personas, es porque soy muy reservado sobre mi vida PERSONAL, y cualquiera de los muchachos puede confirmarte esto. Nunca hemos tenido ni tendremos la confianza suficiente como para compartir algo de mi vida que no te corresponde saber. Espero que con esto comprendas cuál es tu puesto y que jamás se te ocurra a preguntarle, especialmente a mi, algo tan privado como eso.”

No puedo negar la verdad, pero lo que hago o dejo de hacer es sólo asunto mío. Si ponerle un alto a una persona que se pasa de la raya es ser cruel, entonces, cruel seré.

 

 

 

Imagen de: http://aulaint.ugr.es/images/privado.png

Eternas Magdalenas

Todos somos tan sufridos. Es como si todo lo malo nos pasara a nosotros. Llevamos esta constante competencia de “a ver quién sufre más” en nuestros hombros y para mi temor, no sabemos cómo descargarla. Si tenemos trabajo, tenemos más trabajo que todos los que nos rodean. Si tenemos que levantarnos temprano, nadie se levanta más temprano que nosotros… y se acuesta más tarde. Y cuando hablamos de un corazón roto. Uffff. Ni mencionarlo.

Nuestras dolencias son las más importantes. Ese YO tan marcado e imposible de obviar está constantemente frente al espejo. YO SUFRO/SUFRÍ. YO. Sólo se vuelve un TÚ, o ÉL/ELLA sí es para culpar.

No sabemos cómo presentar los daños del tamaño que corresponden. Detrás de las lágrimas los objetos se ven más grandes de lo que son. Nuestro cuerpo debería venir con esa advertencia como los retrovisores: Cuando miramos atrás, con los ojos empañados de lágrimas, vemos nuestro dolor más cerca.

Y así lo proyectamos. En cuestiones del amor, somos los mayores desgraciados, perdedores y tristes seres. Siempre mártires, siempre caballeros sin escudos y sin lanzas, recibiendo flechazos a mansalva y cuchilladas en el corazón.

Lo peor es que entre tanto culpar y tanto llorar se pierde el punto importante de la historia: para seguir viviendo en paz hay que ver los objetos en su justa proporción.

El día después.

A las cuatro de la tarde de ayer, dio inicio la celebración del Orgullo GLBT dominicano, teniendo como punto de encuentro la Disco CHA, en el Malecón de Santo Domingo.

Hubo boas, globos multicolores, vehículos decorados, pancartas, plumas, no plumas, casi plumas, gritos, consignas, risas, uno que otro pasamontañas, flashes y más… todo el combo. Pero, eso fue ayer. Hoy nos queda el aftertaste y la realidad: ayer fue solo una batalla. La guerra está intacta y los perseguidores siguen ganando terreno, particularmente desde el seno de las iglesias, desde las cuales se pide ignorar el reclamo de igualdad de derecho.

Y es que no me cansaré de decirlo: Es necesario SEPARAR la idea de iglesia/estado.

Se habla mucho de que el matrimonio homosexual pone en riesgo la familia, pero los heterosexuales están haciendo un excelente trabajo en ese sentido. Es ironico: los GLBT locos por casarse y los hetero locos por no hacerlo o divorciarse. Irónico también que hombres y mujeres homosexuales quieran adoptar niños que madres y padres desnaturalizados han abandonado en las calles, a su suerte. Y ESO SÍ QUE DUELE.

Entonces, hay que preguntarse: ¿A qué exactamente es lo que le tienen miedo las personas en las iglesias? 

Cultura: La celebración del Día Internacional del Orgullo LGBT se realiza el 28 de junio en conmemoración de los disturbios de Stonewall, Nueva York, ocurridos en 1969.

Goodbye

Aprendí contigo tantas cosas. ¡Oh, tantas cosas aprendí conmigo! Sobre mí, más que de nosotros. Fue desde el inicio un baile egoísta, donde yo dictaminaba los pasos y tu te limitabas a escucharme.

Y en los besos, hubo pasión… la pasión de dos cuerpos que se calientan el uno al otro, pero también hubo desdén. No sabría decirte cuál de las dos fue victoriosa. ¿Y en el medio? Tú.

Te odié muchas veces, ¿sabes? No me atrevo a decir que no te diste cuenta y no quiero pensar que lo sabías.

Hice tan poco por halagarte. Tan poco por hacerte feliz. No hubo el más mínimo esfuerzo. Y ahora comprendo que no se le puede pedir latidos a una piedra. (¿Tenía una piedra en el pecho?) ¡Divago! No te sorprende.

Confieso que nunca te sentí mío. Nunca pude responder la pregunta tantas veces hecha. Siempre eludía el pensar en la respuesta, más aún, tener que externarla, escucharla, digerirla… entenderla. Rehuí por mucho tiempo su sombra, pero, la verdad nunca se queda en la oscuridad y tuve que hacer de sus dos letras mí barca, para así zarpar de tu vida.

Entonces me fui. Caminé lejos, lejos, recordando cada pétalo transparente que brotaba de tus ojos. Y caminé. Seguí caminando, sin mirar atrás.

Foto: http://1.bp.blogspot.com/-f0rGRyEY_LE/TbKWGshuD1I/AAAAAAAAAIM/3J6bp4jTwBQ/s1600/Good_bye_by_whispered_nightmares.jpg

New York, New York

“If I can make it there, I’ll make it anywhere.

It’s up to you, New York New York.”

Frank Sinatra.

Para quien me conoce, escucharme hablar del matrimonio, debe resultarle algo extraño. Si bien no es un tema que roba mí sueño (incluso, le recuerdo constantemente a mis amigos heteros que no necesitan casarse, ya que la unión libre heterosexual sí otorga derechos – Art. 55, numeral 5 de la Constitución-), no dejo de pensar que matrimonio no es para mi.

Más, así como le decía a Rafa el otro día, el punto importante del matrimonio gay, es que los derechos ciudadanos, independientemente de su ideología política, religiosa, orientación sexual y otras hierbas aromáticas, deben ser iguales. Es lo justo, si recordamos que los gays pagamos impuestos, tantos como el más hetero de la comarca.

Así lo ha entendido el estado de Nueva York, mismo que el viernes se convirtió en el sexto estado en aprobar las uniones del mismo sexo (después de Massachusetts, Connecticut, Iowa, Vermont, New Hampshire), tras una semana de mantener en el borde de las sillas a los abanderados del arco iris.

La verdad pienso que no fui hecho para el matrimonio, pero, como había dicho antes, no tengo derecho a decidir si me quiero casar o no… por lo menos no aquí.

Celebro la decisión del senado estadounidense, aunque tarde se les hacía para aprobar esta resolución a un estado tan abierto a la diversidad en todas sus vertientes. Pero, tarde es siempre mejor que nunca, ¿cierto?

Un abrazo fuerte (a los que aun me recuerdan y a los que habrán de venir).